Me tiré el tarot varias veces y
me salió todo como la mierda, mierda, mierda de verdad. Me tiro el I Ching y me
sale la solidaridad, ¡la solidaridad con quién, contra quién! Coño qué
significa todo esto, un año que trasciende las barreras cloacales del 2016 para
internarse en una ola de bosta superior que he de surfear sosteniendo la
sonrisa en la cara. Qué mal huele todo, qué feo que es este número primo, qué
desolación. Me acosté con 3 pibes diferentes en lo que va de enero y lo único
que hice fue recalcar el hecho de que la satisfacción física me aburre. Quizás sea
que leo demasiado Jane Austen y espero que me cortejen infinitamente desde lo
alto de la colina, que bajen en la madrugada a confesar que su amor es eterno y
soñado, como un amanecer trucho, que se opaca con los primeros cuernos, con una
entrepierna cuidada con desgano. Sola, sosteniendo mi propia vela, quemándome
los dedos con la cera, como analogía previa a la tira de cola, al padecimiento
infinito de la histeria autoinducida. Para qué quiero seguir fantaseando la
farsa que ya comprobé ser una falacia, para qué quiero otro lastre de horas de
improductividad si así rayada estoy bien, bien como el orto, pero bien al fin. Sin
tener que encajarle mi tragedia a nadie, sin bancarme la ajena, sin ocultar ni
mentir descaradamente sobre lo random de mi personalidad que aflora en la
primera borrachera. Por qué quiero pretender ser algo que no soy, no soy
educada, ni bien hablada, ni una señorita, no me sale esconder lo que me gusta,
menos que menos lo que me disgusta. Me encanta tirar toda la carne al asador
junta, quemar la grasa, que se haga todo costra, adentro rojo y crudo, fieraso,
los chorizos y el vacío, nada que ver, todo al mismo tiempo, qué me importa. A quién
quiero engañar, si los defectos salen solos a la primera de cambio, ¿por qué no
exponerlos de entrada? Si total soy un desastre, no me banco nada y me tocó ser
esto, a quién le quiero vender qué, si no nos vamos a casar, si el contrato de
por vida no existe más, si no me quiero reproducir ni insertar nada de mi forma
de ser y ver las cosas en ninguna triste criatura que esté a mi merced. No me
corteja nadie que me interese que me arrastre el ala, y los que sí huyen
despavoridos, creo que se asustan de algo que no llego a ver del todo, quizás
sea que no me hago la interesante en lo que debería, quizás porque me gusta
discutir y contradecir a todo el mundo porque básicamente no soporto sus puntos
mediocres de vista. Se sienten subvaluados, con el pito chico, los huevitos
arrugados, no sé. Algo no funciona, y claramente no soy yo, a contramano me
siento bastante cómoda siendo un grano en el culo y una insufrible de mierda,
por qué cambiarlo. ¿Alguien llega a importarme
tanto como para alterar esta cualidad? No. Y si llegara a existir, madre
mía pobrecito la que le espera, un sino de sombra y oscuridad persiguiéndolo hasta
el fin del mundo, un suicidio adelantado, una espina con tétanos, un stalkeo
perenne, el electra polifónico gritando ¡papi papi! Hasta el fin de los
tiempos.
Voy a dejar de tirarme el Tarot y
el I Ching para no reproducir más este discurso de derrota y austeridad
emocional teñida de violencia lingüística, voy a dejar de querer seducir
idiotas con palabras cargadas de ironía y anticipado despecho, de su condición de
macho disminuída, de su falta de tacto en muchos sentidos, de lo triste de sus
existencias plagadas de mujeres que no los consideran suficiente, ellos con el
autoestima por el piso, ¡Eureka!, de rodillas, la respuesta a todos los
problemas es que básicamente debería probar tirarles la goma más seguido.