Me siento a escribir, no se me cae una idea.
He traicionado, a lo sumo he pensado cómo hacerlo a cada una de las personas que conozco. A mis amigas robarles los novios, a los novios robarles la guita y a mis padres robarles la hija.
Pasa que nunca me animo y resta un dejo de humanidad cuando en el centro del pecho me crece una ira descontrolada. Pero eso sucedió muchas veces y hoy ya estoy cansada de patalear en el aire y fantasear venganzas que nunca suceden. O no al menos de la forma deseada, que si fuera por eso, ya fue todo.
Más que tranquilizarse, una se cansa y ahí está, resbalando en pausa, trabada de la nuca para abajo.
Problemas de vivienda, dramas en el trabajo, toda la inteligencia puesta en seguir desenmascarando desclasados para darme cuenta, más tarde que temprano, que la sinceridad no es algo tan común. O que la confusión es total.