19 febrero, 2022

13 años y todo sigue igual

 Me siento a escribir, no se me cae una idea.

He traicionado, a lo sumo he pensado cómo hacerlo a cada una de las personas que conozco. A mis amigas robarles los novios, a los novios robarles la guita y a mis padres robarles la hija. 

Pasa que nunca me animo y resta un dejo de humanidad cuando en el centro del pecho me crece una ira descontrolada. Pero eso sucedió muchas veces y hoy ya estoy cansada de patalear en el aire y fantasear venganzas que nunca suceden. O no al menos de la forma deseada, que si fuera por eso, ya fue todo. 


Más que tranquilizarse, una se cansa y ahí está, resbalando en pausa, trabada de la nuca para abajo.

Problemas de vivienda, dramas en el trabajo, toda la inteligencia puesta en seguir desenmascarando desclasados para darme cuenta, más tarde que temprano, que la sinceridad no es algo tan común. O que la confusión es total.


16 enero, 2019

De Nuevo

Venía derrapando todo, entre el escabio y la ansiedad era un combo de muerte y destrucción, una catástrofe. El punto culmine fue después de estar discutiendo anoche en casa, no sé cuantas birras nos habíamos tomado, le dije que lo único que pensaba de su nueva relación era que se acabara, que ella desapareciera de su vida, que todo eso sólo me remitía al dolor que había sentido por su rechazo y su facilidad para cambiar de concha con tanta soltura. Volví después de cerrar la puerta y me dieron ganas de romper cualquier cosa, de reventar los platos contra el piso. Me fui a dormir con una bronca inusual, soñé con la piba, estaba en mi casa y él la había invitado, le puse una cara aleatoria, estaba en mi casa de Córdoba con sus amigas y él estaba ahí. Qué mierda significa todo eso, qué clase de sueño es ese, en el que mi hermano después rayaba su auto contra una pared, qué le pasa al escabio que ya no me dan ganas de coger siquiera, y me despierta en ese trance de decir: qué poronga hace ella en mi sueño, la concha de dios, qué enferma. Me levanté e hice como si nada, me sentí un poco culpable, no por desearle cosas horribles sino por hacerlas explícitas, qué va a ser, que se de cuenta que en mi interior soy un ser detestable y egoísta, lo siento mucho, pero a veces pienso que te tengo que hacer sentir un toque de todo el dolor que me pasó a mí por el cuerpo. Antes de dormirme pensé en una nueva forma de mitigar la mierda, cuando era más chica y estaba abatida por algo me imaginaba barriendo mi cerebro y sacando la mugre, anoche me imaginé sentada sobre una pila de escombros, levantándome y saliendo por un camino a campo abierto. Ahora me lo tomo con humor, anoche quería pegarle al chabón, que seres del horror, quién carajo les enseña a alimentar esa sensibilidad mutilada, de que todo sea color de rosas mientras acá bancamos sus inseguridades y flaquezas, osea dale, escribime todos los putísimos días, no me dejes en paz ni medio minuto porque quiero saber absolutamente todo lo que estás haciendo, pero, cuando estás con tu nueva novia, o garchandote pibitos, o haciendo la tuya, en esa en que te olvidas por completo de mí, no existís. Sos un fantasma, ahora querés que seamos amigos porque no sé que idea se te metió en el orto de que sos un ser pleno de amor y fantasía virginiana de perfección de los vínculos y a la primera de cambio, te abrís de manos. ¿tan inconsistente soy, tan forra e imbancable? Que se metan mi intensidad en el culo, tiran una así y después no se la bancan. ¿Tan perfecto y tan claro sos vos? ¿En qué espejo se están mirando? Qué paja todo. Recién le saqué la pija de goma a mi compañera de casa que no está hace 4 meses y me masturbé hasta acabar mega, ahora me tengo que ir en bici a la corrientes para que me cambien el chip del celular que se arruinó porque me olvidé el teléfono en el patio y llovió. Todo ebria me pasó, la mejor decisión de mi vida, mudarme, bajar 5 kg en 9 meses, enamorarme y chocar sola, todo con una birra en la mano. Lo primero que hizo esta ciudad de mierda fue romperme el corazón.

08 diciembre, 2017

Danza



Había que hacer la noche completa, casi sin perder un minuto, porque al final eso era lo que siempre faltaba: tiempo. Cuando nos tocaba jugar de verdad nos dábamos cuenta que ya estábamos demasiado ebrios como para aparentar. Ya era tarde, recontra tarde para mentir que no nos la habíamos pegado. Sin siquiera patalear, no éramos amigos, ni novios, éramos nada, un bollo arrinconado porque no nos daba el espacio, éramos algo de lo que creíamos que queríamos ser. Andábamos de la mano por todos lados, como si hiciera años que nos conocíamos. Vos no querías blanquear nada, yo echaba cal sobre el asunto y pretendía que te ardiera todo.


Al final del viaje me diste el beso más frío que me habías dedicado, no sabía si correr o llorar, hacer una maratón hasta mi casa, multiplicada para cruzar las salinas sin aire y agonizando, sin saber por qué, creía que otra vez me tocaba la peor parte. Ni siquiera eso, no hay partes de la nada, ni algo sobre lo que revolcarme en llanto cuando no había qué lamentar, sólo había un yo y un vos.


No iba a quebrarme sobre el recuerdo de una pija, ¿sobre qué entonces? Circulaba este malestar de in-completitud y qué sé yo, teñido de un cariño falso, te amos con aliento a mucho escabio, chats haciéndonos la paja y finalmente una chachetada tan tan fuerte que casi escupo el trago, mientras me empezaba a cagar de frío en una noche que de golpe se puso helada.

Lloraba de ebriedad, esta vez sí lamentando algo que la bebida me hacía sentir como certero y era que yo te amaba tanto y muy fuerte, casi con el corazón completo que ahora se desgarraba en 150 canciones de mierda sobre el amor y los tipos que te dejan.


Más tarde se me pasó pero igual deseaba que te murieras de forma horrenda, mientras me llamabas y veía el teléfono iluminarse intermitentemente, no sé qué hora era, las 6 de la mañana, seguro estabas ebrio otra vez, para variar. Despedazada en la cama premonizaba una resaca insufrible, un día oscuro y caluroso. Después vino la tormenta, me así de tu recuerdo y palabras como al mástil de un barco en medio de un tifón. Ahí estabas luego, como el canto de una sirena por whatsapp, “ven, ven a mí, reúnete conmigo en esta muerte lenta”.


Volví a quererte, cada vez un poco menos y con recelo. Hice lo posible porque me eligieras y salió todo mal, tu plan sin plan intacto y yo con 50 resacas encima como para el resto del año. Todas las noches que nos vimos a escondidas me quedaba muda entre el deseo de romperte la cara de un beso y de una piña en simultáneo. Se alzó una luna tremenda y mientras vos me pedías que chapemos contra un árbol yo deshojaba una margarita podrida que había guardado en el fondo de la bombacha.


Cuando volví después te eliminé de todos lados, hasta que tu tímido mensaje hizo que volviera la atención sobre vos, luego de tu negativa a un nosotros y un yo escindido, recuperando algo de  tranquilidad cometí el error de volver a quererte, igual cada vez menos. Ya por aburrimiento, ya porque el plan sin plan se había vuelto propio y lo quería defender a rajatabla. Cuando pensaba que tenía la oportunidad te castigaba con la indiferencia, algo que a un niño caprichoso como vos molesta sobremanera, mi amor centro de mesa.


Lentamente el castillo de palabras a las que ni siquiera hacías caso se empezó a desgranar y se volvió arena entre mis manos, mientras sostenía el celular mirando la foto de tu pija que me acababas de mandar por Instagram. No te enojes, es un chiste dijiste. Pensé en la ilusión ingenua del falo prometido, un premio al cual abrazar, besar y agradecer a la cámara. Traté tan fuerte de que te fueras a la mierda que al final parece dio resultado.


Así y todo sigo tecleando en el celular, como si fuera un piano, armando una canción propia mientras charlo con vos. Todas las noches agrego una estrofa nueva a la historia de cómo convertirse en un ser horrendo de a ratos, sin intención de que se haga estribillo, o quizás sí y gritarlo desbocada en el pogo más grande del mundo que se arma, cuando te veo y me late fuerte el corazón.


Qué voy a hacer con vos, en qué parte del cuerpo te voy a alojar. Después de lo que pasó supongo que pensé que la concha era suficiente, mas no.
O era al revés, pensé que el resto del cuerpo era sincero y solo me quedó guardarte en lo más profundo del papo. Donde van a parar todos al final, un reducto hermoso, de una confianza temporal, piel con piel a todos nos queda cómoda la sensación de libertad.
Nos simpatiza la idea de que no nos ata nada, ni un bello abotonamiento, ni un abrazo que dure toda la noche, esconder la cara en el cuello del otro y todo ese lenguaje frontal y merecido.
Y cuerpo a tierra cuando largan las balas, y arrastrándose en medio de una invasión de langostas, ¡qué hermoso parecen mariposas!
Los que siempre naufragamos en el mar de la fantasía hacemos el salto al vacío cuando encallamos y tiramos todo por la borda. Nos tiramos nosotros y nadamos a la costa caliente, se nos mojaron los puchos y el encendedor, estamos húmedos y exhaustos por todos lados.
En la arena miramos el sol de cara, nos queremos quedar ciegos y que la luz abrasadora nos penetre el cerebro y queme todos y cada uno de los recuerdos, hasta olvidar. Que la piel arda de otra forma, esta vez de verdad, que se ponga roja e insoportable. Porque hay que desmembrarse de todos lados y de los arañazos invisibles que todavía recorren el cuerpo como emociones.
Hay que quemar todo, hay que dejarlo en cero, porque nosotros que construimos desde la ilusión somos los primeros en hacerla explotar, en que el pathos que domina nuestra respuesta emocional deje en claro que nos erigimos para destruir sin vergüenza alguna la memoria de lo bello.
Nacimos para armar, desarmar y sangrar. Moriremos igual, en un momento orgásmico que desprenda todos los fluidos por última vez, en señal de que cuando nos entregamos vamos hasta el final sin mirar atrás. 

22 agosto, 2017

2 X 1

Después pienso en dedicarle poemas de amor a las piedras. Si chocan entre ellas, si generan chispas, se mojan y se parten, siguen siendo piedras.
Me rodean todo el tiempo, las criaturas más silenciosas del universo, las primeras con un sentimiento de transformación latente, denso e infinitamente lento.
No son más que piedras y así y todo cuando me muera quiero que me entierren junto a todas ellas hasta el fin de los días. Así me convidan de esa apariencia eterna, porque no nacen ni mueren, son una continua imagen del presente. 

***

01 febrero, 2017

La Rueda de la Fortuna


Tengo un máster en desbarrancar. Llevo un récord como bandera de todas las veces que eché moco, de manera grandilocuente y furiosa, adobada por la bebida, envalentonada por un mínimo guiño de la suerte. La otra mañana, o la noche completa hice galardón de mi capacidad para quemar las naves y tratar de salir indemne, hollinada y llena de pasto en la ropa. Whatever.

Estaba en un pueblo sin referencias, con un chico que prácticamente desconocía y con quien me habían forzado de cierta forma a compartir estadía unos meses atrás junto a otra gente con quienes no ostentaba ninguna relación directa. Las vueltas de la rueda de la fortuna propiciaron un reencuentro, arrastrada por una amiga que quiso tirar los dados de la suerte, y la suerte se le volvió en contra, porque cuando me escabio muevo el fieltro de la mesa de juego a mi favor, o me carteo, como mejor parezca, hago trampa. Aunque no quiera, aunque sepa que está mal, aunque en otra circunstancia hubiese apelado a la decencia, no me salió nada. Me salió sentarme con él en un banco que daba al este a mirar el amanecer y cantar envido para tratar de ganar segunda, tirando la hembra y habiendo perdido primera jugando un cuatro de copas. Conté el puntaje y dieron 34, eran mejores.  Mientras el sol rajaba ya un poco alto no me quedaron muchas chances de seguir haciéndome la desentendida, y en una atmósfera de amor latente me entregué a los brazos de la traición, desmedida e innecesaria. En una escena del lado B de alguna historia de Jane Austen me encontré corriendo por el descampado, acococho de quien había desperdigado durante toda la noche una serie de miradas intensas que pesqué y recolecté en la red que alimentaba el sentimiento de delito que devendría. Siendo sincera fue una de las experiencias amorosas más furtivas y divertidas, porque el lugar ameritaba esconderse en los rincones inalcanzables de la casa. Porque había que atravesar senderos poblados de plantas, o pispear dentro de habitaciones semi-abandonadas, con una toalla rosa a cuestas, con dibujos de perritos que se amontonaban entre sí, como estábamos nosotros. Nos revolcamos por el pasto y nos reímos, mientras él me decía que estaba desvelado y amanecido, que sentía que no quería que nunca terminara ese momento. Yo reía mientras me mofaba de su romanticismo, lo besaba y acariciaba su pelo, y las abejas alrededor nuestro zumbaban, y todo parecía perfecto y desproporcionado, como la mirada fulminante que le dediqué para cerrar el trato de complicidad. Esas cosas me encantan, creo que no hay nada más sincero que el amor de ebriedad, la latencia de un deseo que se desencadena directo, sin especulación, sin las ambivalencias de lo correcto. Qué importaba echarse sobre las ortigas, la picadura de un tábano, el aliento bañado de vino, llevarme a cuestas entre las plantas, sortear matas y esconderse. Aunque durara solo 2 horas de la vida, un momento y ya está. Aunque después deviniera la tormenta, y la racionalidad de lo echado a perder, la culpa y todo lo que implica cuando el daño a otro está hecho, cuando arreglar lo que se rompe en primera instancia es prácticamente imposible. Nos despedimos en la puerta de la habitación con el beso más silencioso que nos salió y eso fue todo.

Así que a pesar de la resaca y la efervescencia tocó jugar la tercera mano, y mientras me cantaban truco miraba la única carta que sostenía, la sota de copas, qué coincidencia, no me quedó otra que irme al mazo y perder.

23 enero, 2017

La Revelación



Me tiré el tarot varias veces y me salió todo como la mierda, mierda, mierda de verdad. Me tiro el I Ching y me sale la solidaridad, ¡la solidaridad con quién, contra quién! Coño qué significa todo esto, un año que trasciende las barreras cloacales del 2016 para internarse en una ola de bosta superior que he de surfear sosteniendo la sonrisa en la cara. Qué mal huele todo, qué feo que es este número primo, qué desolación. Me acosté con 3 pibes diferentes en lo que va de enero y lo único que hice fue recalcar el hecho de que la satisfacción física me aburre. Quizás sea que leo demasiado Jane Austen y espero que me cortejen infinitamente desde lo alto de la colina, que bajen en la madrugada a confesar que su amor es eterno y soñado, como un amanecer trucho, que se opaca con los primeros cuernos, con una entrepierna cuidada con desgano. Sola, sosteniendo mi propia vela, quemándome los dedos con la cera, como analogía previa a la tira de cola, al padecimiento infinito de la histeria autoinducida. Para qué quiero seguir fantaseando la farsa que ya comprobé ser una falacia, para qué quiero otro lastre de horas de improductividad si así rayada estoy bien, bien como el orto, pero bien al fin. Sin tener que encajarle mi tragedia a nadie, sin bancarme la ajena, sin ocultar ni mentir descaradamente sobre lo random de mi personalidad que aflora en la primera borrachera. Por qué quiero pretender ser algo que no soy, no soy educada, ni bien hablada, ni una señorita, no me sale esconder lo que me gusta, menos que menos lo que me disgusta. Me encanta tirar toda la carne al asador junta, quemar la grasa, que se haga todo costra, adentro rojo y crudo, fieraso, los chorizos y el vacío, nada que ver, todo al mismo tiempo, qué me importa. A quién quiero engañar, si los defectos salen solos a la primera de cambio, ¿por qué no exponerlos de entrada? Si total soy un desastre, no me banco nada y me tocó ser esto, a quién le quiero vender qué, si no nos vamos a casar, si el contrato de por vida no existe más, si no me quiero reproducir ni insertar nada de mi forma de ser y ver las cosas en ninguna triste criatura que esté a mi merced. No me corteja nadie que me interese que me arrastre el ala, y los que sí huyen despavoridos, creo que se asustan de algo que no llego a ver del todo, quizás sea que no me hago la interesante en lo que debería, quizás porque me gusta discutir y contradecir a todo el mundo porque básicamente no soporto sus puntos mediocres de vista. Se sienten subvaluados, con el pito chico, los huevitos arrugados, no sé. Algo no funciona, y claramente no soy yo, a contramano me siento bastante cómoda siendo un grano en el culo y una insufrible de mierda, por qué cambiarlo. ¿Alguien llega a importarme  tanto como para alterar esta cualidad? No. Y si llegara a existir, madre mía pobrecito la que le espera, un sino de sombra y oscuridad persiguiéndolo hasta el fin del mundo, un suicidio adelantado, una espina con tétanos, un stalkeo perenne, el electra polifónico gritando ¡papi papi! Hasta el fin de los tiempos.

Voy a dejar de tirarme el Tarot y el I Ching para no reproducir más este discurso de derrota y austeridad emocional teñida de violencia lingüística, voy a dejar de querer seducir idiotas con palabras cargadas de ironía y anticipado despecho, de su condición de macho disminuída, de su falta de tacto en muchos sentidos, de lo triste de sus existencias plagadas de mujeres que no los consideran suficiente, ellos con el autoestima por el piso, ¡Eureka!, de rodillas, la respuesta a todos los problemas es que básicamente debería probar tirarles la goma más seguido.