30 mayo, 2010

Un relato corto

Hace unos años mi mamá me contó una historia, de cuando ella estudiaba en la facultad de medicina, allá por el 74. Me dijo que un día, no recuerda bien cuando, se habían hecho la chupina. Hacían las prácticas en el Hospital de Clínicas, ese que tiene una morgue que obligatoriamente todo estudiante del Belgrano osa explorar en sus primeras horas libres. En esa misma morgue hace 34 años mi mamá vio una camioneta con las puertas abiertas. Adentro unos cuantos cuerpos apilados, esas personas no tendrían más que su edad en aquel momento, ni que la mía ahora. Lo llamativo eran las curitas, las cintas pegadas en cruz múltiples veces sobre esos cuerpos, tratando de tapar ¿qué podrían ocultar? Marcas de un fusilamiento que en esos tiempos todavía era cuasi ilegal. Siempre me llamó la atención ese relato, admito que con cierta morbosidad, siempre me imaginé, el furgón, los cadáveres blancos, la expresión helada de mi madre y sus compañeros. Volví una y otra vez hasta que lo fui entendiendo, y ahora busco, casi enfermizamente sus nombres en las listas, algo que me diga qué fue lo que realmente pasó, no tengo fecha exacta, ni edades, ni apellidos ni nada. No tengo nada más que una brecha de 30 años, de una historia incompleta, de un relato recortado esperando, esperando que aparezcan.

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