No hay rencores esta vez, no hacen falta cuando todo vino cagado de antemano. Capaz sea esta contradicción pueril de creer que las cosas salen porque sí. De repente todo funcionaba a la perfección, tal vez era el mate, mi mate, lleno yerba agria y quemada. Dale que cebabas, como un juego de pareja, una aberración inventada para endulzarme la fantasía. Como no lloré no sé dónde quedó la frustración guardada, ni siquiera me quejé, y me pregunto hasta qué punto llegué a reprimir la felicidad de ese momento ficticio.
No todo fue tan malo sin embargo, no debería ser mal agradecida por habernos revolcado un rato, ¿lindo no? lindo. Ahora me senté dispuesta a dar mucho asco, y ser una desgraciada con tendencias deprimentes y pedorras. Además si lo junto a éste con el otro arman un combo de la desgracia genial, una fiesta interminable de soretes mal cagados. Si me salvé esa vez fue porque estaba anestesiada de antemano, y no fue el vino ese berreta ni el porro que no fumé, ni la puta madre. Fue orto, lisa y llanamente, y si no hubiese pasado, ahora no me alcanzarían los dedos de las manos y los pies para contar los días que llevo sin coger.
Este texto hermoso está dedicado a todos esos conchudos que dan vueltas por la vida para cagarla, y una como pelotuda dale que dale, habría que hacerle caso a esa película de bajo presupuesto que se llama algo así como: "No está con vos". Claramente mi madre me hizo viva para las pelotudeces, porque en el resto de las cosas el derrape es constante, y no me pasa a mí solamente, tengo un relevo de todas mis amigas que indican algo parecido, y no es que seamos incogibles e infradotadas. A veces pienso que me podrían haber bendecido con un pensamiento más plano y simplista, para no enroscarme en toda esta huevada digna de una avalancha de bosta.
Juro que me río para no llorar, porque la verdad es triste, y cada día pienso más que la gente se merece un gran análisis de próstata, si quieren los acompaño, mientras espero prometo no guiñarle un ojo al médico.
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