Hoy estaba en la parada alrededor de las 10 de la noche cuando furioso aparece el central en la curva, la humedad y el frío hacían la espera aún más insoportable. Frena el móvil abre la puerta y un señor que estaba también aguardando se puso a gritarle al chofer que hacía una hora esperaba al A6. Me subo primera paso la tarjeta, no sale el ticket, una de las dos chicas que subió detrás mío increpa al conductor sobre su actitud con el anterior señor. Cruces de palabras la tickeadora rota, encuentra el resto de mi boleto en el bollo de papel y las otras dos mujeres son obligadas a bajarse. Pasan las paradas sin que el móvil se detenga a excepción de aquellas en que debe descender algún pasajero. En uno de esos momentos se adelanta otra señorita, le grita al chofer un improperio que suena como cuidado! y golpea el colectivo con un feroz puñetazo.
Acto seguido un señor que también viajaba desenfunda una guitarra y comienza a tocar una melodía cuyas estrofas decían: "no paró el bondi, que nervioso estoy, etc". El viaje fue placentero, saludando a aquellos que debajo esperaban impacientes la llegada del bólido índigo y veían la estela azulina seguir por el asfalto mojado.
Llegué a mi hogar, cobijo del desconsuelo para encontrar a mi bienamado salame acompañado de unas bellas facturas. El mate listo para cerendar (mezcla de cenar y merendar), y esta es otra de las cosas por las que quiero a mi país, el morfi y el amor al bardo instantáneo.
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