Una
cadena engrasada suena en la noche de Córdoba mientras se desliza el
terror por la avenida. 2 ruedas, 2 choros, 2 piernas dispuestas a picar
ante la menor señal de acecho. 2 sílabas: mie-do.
Me
bajo del colectivo y estrecho los brazos contra la cartera, depósito de
pertenencias de escaso valor material, el tesoro oculto entre mis
brazos entumecidos.
El semáforo parpadea en amarillo, precaución.
Los
sentidos alerta, la piel de gallina, el corazón golpea contra el pecho y
camino apresurada por las 2 cuadras que separan mi casa de la parada.
Aparecen
por la curva, presiento sus intenciones malvadas, la adrenalina se
apodera a medida que se acercan. Oscuros como una sombra funesta de
paco, escabio y Damián Córdoba. Sé que no hay escapatoria, que van a
leer los mensajes del celular mientras se mofan descaradamente de mis
chongos. Van a usar mis tarjetas para tomar merca, van a desparramar mis
toallitas en alguna vereda mientras hurgan en vano la bolsa de plástico
donde llevo las monedas. Se van a llevar mi bombacha de repuesto y la
van a revolear por ahí, pobres mis bragas, ojalá estuvieran sucias,
ojalá estuvieran menstruadas.
Me van a usar los forros y yo que los guardaba convencida de que algún día iban a ser partícipes de una alegría inesperada.
Van
a llenar mi MP3 con la Mona, La Banda de Carlitos y JeanCa, pobre
Mariah, Kylie, Ricky y Alejandro Sanz. Chau ibuprofeno, reliverán,
alplax, cigarrillos, 8,25 la etiqueta. Chau propiedad privada.
Camino
aterida mientras pienso todo esto, aterrada, preparada para la
contienda, el horror, los chumbos, la inseguridad, Cristina, la
desesperanza… y la moto pasa.
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